Volver al blog

Actualidad

El ascenso del Depor iba a ser la gran temporada de la hostelería coruñesa. Julio contó otra historia.

Aquilino Lousa

Aquilino Lousa

Fundador · 6 de agosto de 2026

El ascenso del Depor iba a ser la gran temporada de la hostelería coruñesa. Julio contó otra historia.

El 25 de mayo, A Coruña celebraba el ascenso del Deportivo a Primera con la ciudad tomada por el humo azul y blanco. El relato de aquellos días era optimista, casi eufórico: el Depor de vuelta a la máxima categoría se convertía en "marca de ciudad", en un imán turístico que iba a arrastrar consigo a la hostelería, el comercio y los servicios durante toda la temporada. El 3 de agosto — apenas diez semanas después —, esa misma hostelería reconocía que julio había sido un mes flojo, "nefasto" para muchos negocios, a pesar de que la ciudad estaba llena de gente. Mismo sector, misma ciudad, y una lectura completamente distinta según el momento en que se hace la pregunta.

Mayo: el ascenso como "marca de ciudad"

Cuando el Depor certificó el ascenso, el discurso público se organizó rápido alrededor de una idea: la exposición mediática de un equipo en Primera es, en sí misma, un activo económico para toda la ciudad. La consultora en comunicación turística Nani Arenas y la profesora de Turismo Mavi Lezcano coincidían en que la visibilidad mediática del club se traduciría en más interés turístico por A Coruña. Héctor Cañete, presidente de la Asociación Provincial de Hostelería, y Agustín Collazo, presidente de Hospeco y director del NH Finisterre, sumaban a ese relato la previsión de más afluencia en los días de partido en Riazor y un año reforzado por la coincidencia con el Xacobeo 2026. Antonio Fontenla, presidente de la Confederación de Empresarios de A Coruña, cerraba el argumento: más ingresos para el club (televisión, patrocinios) significan más consumo local, vía los propios jugadores y el efecto arrastre sobre comercio y servicios.

Es un argumento razonable, y no exclusivo del fútbol — cualquier evento que ponga el foco mediático sobre una ciudad genera esa misma expectativa. El problema de este tipo de relatos es que se construyen sobre visibilidad esperada, no sobre caja real. Y la caja tiene su propio calendario.

Agosto: lo que dice la caja

Diez semanas después, el mismo sector — representado, de nuevo, por Héctor Cañete — contaba una historia distinta: julio había sido flojo para la mayoría de la hostelería coruñesa, pese a que las calles estuvieron llenas y la ciudad tuvo una programación de ocio intensa. El restaurante Atípico lo cuantificó sin adornos: unos 400 comensales en julio de 2026, frente a los 900 del año anterior. La facturación cayó menos de la mitad — el ticket medio subió —, pero el dato que importa para un negocio de hostelería no es "cuánta gente hay en la calle", es cuánta gente se sienta a comer.

Las causas que apunta el sector no tienen que ver con el fútbol ni con ningún evento puntual, sino con cambios más de fondo en cómo se consume el verano:

  • Los clientes habituales se van a la segunda residencia desde junio — el residente local, que sostiene el negocio el resto del año, sencillamente no está en la ciudad en julio.
  • El auge de los pisos turísticos cambia el patrón de gasto de quien sí visita la ciudad: cocina en el piso en lugar de comer fuera.
  • Sobreoferta de ocio — festivales y conciertos compiten por el mismo gasto disponible, repartiéndolo en lugar de sumarlo.
  • El miedo a una desaceleración económica frena el gasto discrecional, incluido salir a comer o cenar fuera.
  • El turismo de cruceros, con paquetes "todo incluido", deja relativamente poco impacto en el comercio y la hostelería local.

El matiz importante: el fútbol no fue el problema — fue de lo poco que sí funcionó

Aquí conviene ser precisos, porque es fácil leer estos dos titulares seguidos y concluir que "el fútbol prometió mucho y luego no cumplió". No es exactamente así. Según el propio Cañete, los locales con pantallas y los que estaban en los alrededores de la plaza de María Pita — es decir, los que siguieron pegados al Mundial de fútbol que se jugaba esas semanas — sí trabajaron bien en julio. El fútbol, en este caso, no falló: fue de las pocas cosas que sostuvo la facturación de una parte del sector mientras el resto notaba la caída. Lo que no llegó a cumplirse fue la expectativa más amplia y menos concreta — la de un "efecto ascenso" que iba a levantar a todo el sector por igual, sin distinguir entre quién tiene una pantalla y terraza cerca del ambiente futbolero y quién no.

Mismo objetivo, distinto punto de vista según quién habla

Lo interesante de leer estos dos artículos seguidos no es la contradicción — es que probablemente no la haya. Quien hablaba en mayo (consultoras de turismo, patronal empresarial, dirección de club) hablaba de potencial a un año vista, con el Xacobeo de fondo y toda una temporada por delante. Quien habla en agosto (el hostelero del día a día, el dueño de un restaurante con sus números de caja) habla de julio, un mes concreto, ya cerrado. Ambos pueden tener razón a la vez: el ascenso puede terminar siendo, en el balance del año, el impulso de marca que se prometía — y aun así julio, aisladamente, puede haber sido un mes flojo por razones que no tienen nada que ver con el fútbol.

La lectura para cualquier negocio de hostelería (o de cualquier sector estacional)

Este contraste no es exclusivo de A Coruña ni del fútbol — es el mismo patrón que se repite cada verano en cualquier ciudad con turismo estacional: una ciudad llena no es lo mismo que un negocio lleno. Los indicadores macro (turistas, eventos, ocupación hotelera, cobertura mediática) no siempre se trasladan al dato que de verdad importa para una pyme: el ticket medio, el número de comensales, la caja de cada día. El caso de Atípico es un buen recordatorio de por qué merece la pena mirar los números propios en lugar de fiarse del ambiente de la calle — con menos de la mitad de comensales pero una facturación que no se hundió igual, el negocio pudo entender exactamente qué le estaba pasando (menos volumen, más gasto por cliente) en lugar de conformarse con "este verano ha ido raro".

Si algo enseñan estos dos artículos con diez semanas de diferencia es que el relato de ciudad y la cuenta de resultados de un negocio concreto son cosas distintas, y conviene no confundirlas — sobre todo a la hora de planificar el año que viene.

Fuentes: El Español — Quincemil, "Impacto económico del ascenso del Depor" y El Español — Quincemil, "La hostelería de A Coruña acusa un flojo julio pese al lleno en la ciudad".