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Contabilidad

Qué es el EBITDA, cómo se calcula y por qué las grandes empresas lo repiten tanto

Aquilino Lousa

Aquilino Lousa

Fundador · 3 de agosto de 2026

Qué es el EBITDA, cómo se calcula y por qué las grandes empresas lo repiten tanto

Esta temporada de resultados ha dejado tres formas distintas de hablar del mismo negocio. Inditex presume de un EBITDA de 11.267 millones de euros. El Real Madrid cierra su mejor ejercicio histórico con un EBITDA de 287,4 millones. Y Telefónica, con Marc Murtra al frente, ha decidido dejar de poner el foco ahí — prefiere hablar de flujo de caja, porque, en sus propias palabras, el EBITDA se puede "maquillar". Tres compañías, tres relatos, un mismo indicador. Merece la pena entender qué es exactamente el EBITDA, cómo se calcula, y por qué genera tanto consenso — y tanta sospecha — a la vez.

Qué es el EBITDA

EBITDA son las siglas en inglés de Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization: el beneficio de una empresa antes de restar intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. En español se traduce como resultado bruto de explotación.

La idea de fondo es aislar el rendimiento del negocio puro — lo que la actividad genera vendiendo su producto o servicio — de todo lo que depende de decisiones ajenas a esa actividad:

  • Intereses: dependen de cómo se financia la empresa (más o menos deuda), no de si el negocio funciona bien.
  • Impuestos: dependen del país y del tipo impositivo, no de la gestión operativa.
  • Depreciaciones y amortizaciones: son un apunte contable que reparte en el tiempo el coste de una inversión ya hecha (una fábrica, una flota, un estadio), no una salida de caja del ejercicio actual.

Quitando esas cuatro partidas, el EBITDA pretende mostrar "lo que queda" de la actividad antes de que entren en juego la estructura financiera, la fiscalidad y la política contable de cada empresa. Por eso se usa tanto para comparar compañías de tamaños, países o niveles de endeudamiento distintos.

Hay un detalle que casi nunca se menciona: el EBITDA no es una magnitud regulada. Ni las normas internacionales de contabilidad (NIIF) ni el Plan General Contable español lo definen como partida obligatoria de las cuentas anuales. Es una cifra que cada empresa calcula y presenta como complemento — y eso, como veremos, tiene consecuencias.

Cómo se calcula el EBITDA

Hay dos caminos para llegar al mismo número, según de dónde partas.

De arriba abajo, desde las ventas:

EBITDA = Ingresos de explotación − Gastos de explotación (sin contar amortizaciones)

De abajo arriba, desde el beneficio neto:

EBITDA = Beneficio neto + Impuesto sobre Sociedades + Gastos financieros (intereses) + Amortizaciones y depreciaciones

Un ejemplo con números sencillos, como los de una pyme:

  • Ingresos de explotación: 1.000.000 €
  • Coste de ventas, personal y otros gastos operativos: − 750.000 €
  • EBITDA: 250.000 €
  • Amortizaciones: − 50.000 €
  • EBIT (resultado de explotación): 200.000 €
  • Gastos financieros (intereses): − 30.000 €
  • Beneficio antes de impuestos: 170.000 €
  • Impuesto sobre Sociedades (25 %): − 42.500 €
  • Beneficio neto: 127.500 €

Y comprobando desde abajo: 127.500 € + 42.500 € + 30.000 € + 50.000 € = 250.000 €. El mismo EBITDA, calculado al revés.

El caso del Real Madrid ilustra bien por qué esta cifra se aleja tanto del beneficio neto en negocios que invierten mucho: con 1.221 millones de ingresos, el club declara un EBITDA de 287,4 millones — pero un beneficio neto de solo 26,3 millones. La diferencia se explica, en gran parte, por las amortizaciones de una inversión como la remodelación del Bernabéu: un gasto real, ya pagado, que contablemente se reparte durante muchos ejercicios. El EBITDA no lo ve. El beneficio neto, sí.

Por qué las grandes corporaciones lo repiten tanto — y por qué es un dato tan manejable

Aquí está la parte que rara vez se explica en los titulares. El EBITDA gusta a las empresas grandes por dos razones que, en el fondo, son la misma:

Primera: permite comparar negocios en igualdad de condiciones. Dos empresas idénticas en lo operativo pueden tener beneficios netos muy distintos solo porque una se financia con más deuda, tributa en otro país o tiene una política de amortización distinta. El EBITDA neutraliza esas diferencias y dejar ver quién gestiona mejor el negocio en sí.

Segunda — y aquí está la clave —: al no estar regulado, cada empresa decide qué entra y qué no. Como no hay una norma que dicte su cálculo exacto, es habitual encontrar variantes como "EBITDA ajustado", "EBITDA recurrente" o "EBITDA antes de partidas excepcionales", que excluyen costes de reestructuración, deterioros de activos, retribución en acciones u otros "extraordinarios". Cada exclusión es una decisión de la propia empresa — y casi todas mejoran la cifra final.

Marc Murtra, presidente de Telefónica, lo ha dicho con una claridad poco habitual en un directivo: prefiere pilotar la compañía con el flujo de caja operativo porque el beneficio, los ingresos y el propio EBITDA "se pueden mejorar con maquillajes contables, cambios de tipo de cambio o retrasando inversión". Es, literalmente, un presidente explicando que el indicador que todo el mercado mira de reojo es también el más fácil de moldear — y que por eso él prefiere que le midan por otro.

Mientras tanto, Inditex destaca un EBITDA de 11.267 millones (+5,0 %) y el Real Madrid uno de 287,4 millones (+18 %), ambos crecimientos superiores a los de su beneficio neto respectivo. No es casualidad: en negocios que invierten con fuerza — una remodelación de estadio, la apertura de tiendas, el despliegue de una red — el EBITDA crece más rápido que el beneficio neto casi por diseño, porque las amortizaciones de esa inversión pasan factura más abajo en la cuenta de resultados. Citar el EBITDA no es falso ni ilegítimo. Pero es, casi siempre, la cifra que mejor queda.

Hay un motivo adicional, menos visible: la ratio deuda/EBITDA es el termómetro que bancos e inversores usan para medir el riesgo de una empresa. Cuanto más alto sea el EBITDA, mejor parece esa ratio — lo que da a cualquier dirección financiera un incentivo directo para maximizarlo dentro de lo que la ley (o más bien, la ausencia de regulación) permite.

La lectura para una pyme

El EBITDA no aparece como partida obligatoria en las cuentas de una pyme española, pero conviene calcularlo igualmente: es la referencia que casi cualquier banco usará para evaluar tu capacidad de devolver un préstamo, mucho antes de mirar el beneficio neto. Si vas a pedir financiación, prepárate para hablar en esos términos.

Pero la misma cautela aplica en pequeño: si tú — o un proveedor, o un competidor — presentáis un EBITDA que crece con fuerza, comprueba siempre qué hay debajo. Un EBITDA sano con un beneficio neto que no levanta cabeza suele significar una cosa: mucha deuda, mucha amortización, o ambas. Mirar solo la cifra que mejor queda es exactamente el error que este indicador, por su propio diseño, invita a cometer.

Fuentes: Inditex — Junta General de Accionistas 2026, Crónica Global — Murtra prioriza el flujo de caja en Telefónica y Real Madrid — Resultados temporada 2025-2026.