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Fiscalidad

Recargo

El importe adicional, fijado en porcentaje según el retraso, que se paga por presentar una autoliquidación o hacer un pago fuera de plazo por iniciativa propia. A diferencia de una multa, no es una sanción por una infracción, sino el coste de haberse retrasado.

Presentar una autoliquidación tarde no es lo mismo que presentarla mal. Cuando una empresa se retrasa pero la presenta por su cuenta, antes de que Hacienda se lo requiera, la ley aplica un recargo —un porcentaje sobre lo que había que ingresar— en vez de una multa tributaria, precisamente porque no ha sido necesaria ninguna actuación de comprobación para que la empresa regularizara su situación.

Los recargos más habituales

  • Recargo por declaración extemporánea sin requerimiento previo: crece según el tiempo de retraso, y se reduce si se paga de inmediato y sin solicitar aplazamiento.
  • Recargo de apremio: se aplica cuando una deuda ya notificada y vencida no se paga ni se aplaza a tiempo, y da paso a la vía ejecutiva de cobro (embargos incluidos).
  • Recargo de equivalencia: un régimen especial de IVA distinto, aplicable a comercios minoristas, que no tiene relación con los recargos por retraso.

Para qué se usa

El mensaje práctico es siempre el mismo: regularizar una situación por iniciativa propia, aunque sea tarde, sale mucho más barato que esperar a que Hacienda lo detecte por su cuenta —ahí ya no hay recargo, sino multa, además de los intereses de demora correspondientes. Solicitar un aplazamiento antes de que venza el plazo ordinario también evita que una deuda pase directamente al recargo de apremio, más caro que el aplazamiento pactado.

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